By / 2nd mayo, 2016 / Uncategorized / Off

 Ballena franca austral saltando en Puerto PIramidesLa Ballena Franca Austral es un ser vivo, de sangre caliente que sufrió la industrialización de los recursos naturales por parte del hombre. Por cientos de años se cazaron ballenaslobos marinos y otras tantas especies animales, con el fin de utilizar sus grasas, disolverla hasta lograr el aceite para fabricar velas y colocar en los faroles que iluminaron las calles y casas de Europa y de los diferentes Virreinatos y Colonias de todos los continentes. También fueron usados en frívolos productos de cosmética, sus barbas elementos que la ballena franca y otros misticétos, usan en el proceso de filtrado del krill, eran procesadas para fabricar paraguascorsets y otros productos de consumo masivo. Dibujo de 1800 donde muestra la caza de ballenasSe estima que antes de la caza comercial de ballenas existían mas de 50.000 ejemplares de Ballena Franca Austral. Con el descubrimiento del petróleo, el gas y la electricidad, estos enormes mamíferos marinos fueron poco a poco dejando de ser indispensables para la industria. Muchas especies no llegaron a sobrevivir a la voracidad del mercado de consumo, una de ellas fue la Ballena Vasca, una especie de ballena que habitaba en el Mar Cantábrico, en el norte de España, similar a la ballena franca austral.Cola de ballena en un avistaje en Puerto PiramidesEn 1937, cuando solo quedaban unos cientos de ejemplares, con la firma del Acuerdo Internacional para la Regulación de la Cacería de Ballenas, se le otorgó a la Ballena Franca Austral protección total. Desde entonces, la recuperación de la especie ha sido lenta pero sostenida. En 1984 se la declaró Monumento Natural Nacional en la República Argentina.Ballena franca austral fotografía submarina en Puerto PIramidesGracias al cambio de lógica que empieza a despiertar, nuestros hábitos están cambiando. Hoy en día ballena franca austral, es visitada por miles de turistas en Península Valdés, que embarcan en los avistajes de ballena, o las ven desde la costa, percibiendo con nuevos ojos el encanto de la diversidad de vida en este pequeño y frágil planeta. ¡Por suerte hoy disfrutamos de una foto de la ballena como recuerdo y no de un paraguas de queratina de barbas de ballena, para tener por si llueve!